jueves, 7 de abril de 2011

Hace ya bastantes años de esto...

1.

El bosque susurra silencio,
cuando estás en él acostado.
El silencio interrumpe las gotas...
de tu pelo si está mojado.
Tus besos desatan nostalgia
y mi mente te piensa constante,
te noto pegada a mi cuerpo...
pero siento tu alma distante.
Me besas y das buenas noches,
después entras en mi cama,
y cuando piensas que estoy ya dormido...
es cuando escucho tus lágrimas.

Ya no sabes lo que sientes
ya conozco que me engañas,
a pesar de todo callo
y me duermo entre las sábanas.

Por el miedo de perderte
por el miedo que te vayas...
callo, solo por verte...
y que me sueñes cada mañana.


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2.

Cierra los ojos princesa,
te voy a llevar a un lugar
donde tus sueños y tus fantasías
al fin se harán realidad.

Cierra los ojos princesa
y deja ya de gritar...
que en estas noches de luna
cualquiera nos puede escuchar.

Vuelve a cerrar los ojos, princesa,
y hazme recordar...

Que sigues aquí y no te has ido...
y que conmigo vas a estar.
Que harás infinito este viaje...
y que siempre me esperarás.
Que no borrarás tanto juntos...
Que en tu interior me guardarás...


Que la vida ha perdido el sentido
que el amor le podía dar,
y es que prefiero tenerte en mi mente...
que tenerte que olvidar.
Que tu luz se ha escondido en un pozo,
cansada ya de soñar...
sabe que el fin se acerca,
y se tiene que apagar.





Mario Buendía

martes, 29 de marzo de 2011

Primer relato corto


Hay cosas que empiezan muy pronto y nunca sabes por dónde cogerlas. Por otro lado, hay cosas que llegan un poco más tarde y te hacen darte cuenta de que ya no merecen la pena.
Crees que lo correcto sería volver atrás y recuperar el tiempo perdido, hacer lo que siempre habías soñado, pero acabas dándote cuenta de que hay un algo que te lo impide.
Qué pena que ese algo siempre sea malo.




Hay cosas que empiezan muy pronto y no sabes por dónde cogerlas.
 Te despiertas,  ducha, café, preparas a los niños para llevarlos al colegio,  trabajo, reunión, comida, reunión, y así la mayor parte del día hasta que llega la hora de llegar a casa y acostarte porque tu cuerpo no puede consigo mismo ni un segundo más.
Vives soñando que llegará el fin de semana y podrás disfrutar de un día de sexo y relajación, pero despiertas, ducha, café, preparas a los niños para ir al parque de atracciones, coche, atracciones, comida, atracciones, recoges niños, coche, casa, y cuando llegas te planteas cuál de los dos días has estado más jodido, si el primero en el que no has practicado sexo o el segundo en el que tampoco.
Te acuestas en tu cama y te paras a pensar que al día siguiente tendrás que volver a lo de siempre, trabajo, reunión, comida, reunión… y te viene a la mente las típicas frases en las que crees sentirte un filósofo creativo pero acabas dándote cuenta de que no eres más que un completo inútil. Quieres cambiar, intentas cambiar, deseas cambiar pero es imposible, y lo peor es que lo sabes. Te gustaría acabar con todo, con tu trabajo, con tu familia, con el mundo, y poder pasar dos días acostado en un sofá con los amigos para ver una película o simplemente para pasar el rato viendo un poco de porno, ya que es el poco placer al que aspiras, pero no puedes ya que el cerebro manda un claro mensaje a tu mente: ducha, café, preparas a los niños para llevarlos al colegio,  trabajo, reunión, comida, reunión…
La vida te ha deparado ser un personaje que se pasa el día trabajando sin parar, pero no puedes decir  “hoy no voy al curro”, ya que eso daría lugar a despertar sin agua, sin café,  sin trabajo ni  reuniones, sin comida, sin  familia, sin casa…  es decir, pasarías de ser un inútil a un vagabundo, y créeme, conforme están las cosas, prefiero ser un completo inútil.






Y así vives, en una vida que no te gusta una mierda y en la que tienes que ir aguantando a una serie de personas a las que mandarías al infierno si de ti dependiera, y como respeto a mi jefe y a mi mujer, no nombraré a ambas personas.
Vale que aguante que mi jefe me dé órdenes en el despacho, vale que le lleve el café, vale que asista a reuniones, vale que me deje claro que su cargo es muy superior al mío y que no sea más que un simple mosquito al lado del matamoscas (así se hace llamar él), pero hay cosas que no puedo aguantar.
Me llama, voy, no está, vuelvo a mi despacho, vuelve a llamar, vuelvo a ir, no está, vuelvo a mi despacho, me llama, voy, está:
- Está despedido
Suplico, pido perdón, suplico, lo invito a cenar, acepta, coquetea con mi mujer en la cena, suplico, coquetea, pido perdón, coquetea, voy a por tabaco, vuelvo, recupero mi trabajo. Él feliz, mi mujer muy feliz, yo estúpido, pero eso sí, con trabajo.
La  verdad, es difícil tener que aguantar a tanto gilipollas en el trabajo, y en casa.






Despiertas, haces el desayuno, preparas a los niños para ir al colegio…
 Tu mujer duerme, no limpia, va de compras, no trabaja, no prepara niños, no hace café, no ayuda y no hace “la comida”, excepto cuando invito a mi jefe a cenar…
A todos nos ha venido alguna vez a la cabeza acabar con todo y mandarlo todo a la mierda para poner a cada uno en el lugar en el que corresponde, pero vivimos en un país en el que por robar un billete pasas más años preso que por un asesinato, es por eso que no le robo a mi jefe.
Sí, desearía matar a mi jefe, y a mi mujer, y a mis hijos, y a todas las personas que veo durante cualquier día de mi vida, pero no puedo, ya que si no: prisión, poca comida, ejercicio, prefiero no especificar los detalles de la ducha, en fin, una asociación de cosas que dan lugar a una vida casi tan perfecta como la mía.

 Quisiera cambiar, pero no puedo.